Apuntes que evidencian el desmadre secular.
Este fenómeno de maquillar la realidad se repite hoy en día de manera casi idéntica. Ante la realidad de la Copa del Mundo de 2026 el dialogo es el mismo. Los ricos se hacen más ricos, los mexicanos son bombardeados por propaganda pro mundial, los grandes lideres hablan maravillas de un torneo al cual, como asalariados, no somos, ni invitados, ni deseados
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El 19 de septiembre de 1985, la Ciudad de México fue sacudida por un terremoto de magnitud 8.1 que dejó marcas imborrables en una sociedad compuesta por pobres, que se hacían cada vez más pobres, la crisis y el desacelere económico eran evidentes.
bastaron poco más de dos minutos para que miles de hogares y vecindades enteras se vinieran abajo, en un jueves cualquiera, al iniciar el día, construcciones emblemáticas, unidades habitacionales y recintos como el Hospital Juárez se convirtieron rápidamente en escombros, cambiando la vida de miles mexicanos para siempre.
A la par de la tragedia, Televisa “la empresa hegemónica de la época” decidió erigirse como la ventana hacia la opinión internacional, maquillando la tragedia y minimizando el desastre evidente. En contraste con la devastación, los miles de muertes y el inenarrable sufrimiento social, la televisora optó por darle carpetazo a la crisis. Se creó así una disyuntiva perversa entre la realidad del ciudadano "de a pie" y el espectador que contemplaba el desastre desde la comodidad de la pantalla; aquella a la que algunos han nombrado, con justa razón, como la "caja idiota".
El consorcio mediático de Televisa construyó una realidad alterna: una atmósfera de festividad volcada hacia el Mundial de fútbol que se realizaría en unos cuantos meses. La FIFA, liderada por el brasileño João Havelange, no quitó el dedo del renglón. En esta ecuación es indispensable considerar el peso de Guillermo Cañedo, vicepresidente de la FIFA y aliado íntimo del director de Televisa, Emilio Azcárraga Milmo; entre ellos decidieron que el show debía continuar. La realidad es que mientras la ciudad reptaba entre las ruinas y la miseria, unos cuantos se regocijaban con las ganancias que el torneo traería para enriquecer sus propias arcas y engrosar sus ya atascadas carteras.
La televisión como una ventana de prosperidad
La frivolidad y la falta de empatía han sido el sello característico de Televisa. Un claro ejemplo de esta “desconexión social” se encuentra en uno de sus programas cúspide de su programación: El Chavo del 8. Esta producción no solo carecía de contenido real, su sketch no fomentaba, ni el pensamiento crítico, ni trasmitían cultura, sino que romantizaba las carencias del mexicano. presentaba como comedia el hecho de que un niño soñara con una torta de jamón o que un sector de la población tuviera que ingeniárselas para sobrevivir un mes más sin pagar la renta. La pobreza se vuelve folclor y se vuelve parte de nuestra idiosincrasia
En esa misma línea de control cultural que realizaba el senil Raúl Velasco en su programa Siempre en Domingo, un espacio donde se centralizaba el éxito musical del país. Bajo su criterio Cesariano, pies ponía pulgar arriba o pulgar abajo, elegia la prosperidad o el fracaso de cualquier artista emergente estaba destinada al fracaso si no lograba simpatizarle.
Así, la insensibilidad ante los problemas reales fue una constante institucional. El consorcio mediático actuó históricamente como si nada pasara, vendiendo una visión de un alterna del país, que prioriza la fiesta y que recibe al extranjero con los brazos abiertos, ante sus problemas existenciales. Además, este consorcio es culpable de retratar al mexicano dócil que se reúne en familia frente al televisor para recibir “educación y cultura". Esto no era más que una burla y un insulto ante la profunda crisis económica, política y social que asfixiaba a la población civil de a pie en el mundial de México 86.
El desmadre secular
Este fenómeno de maquillar la realidad se repite hoy en día de manera casi idéntica. Ante la realidad de la Copa del Mundo de 2026 el dialogo es el mismo. Los ricos se hacen más ricos, los mexicanos son bombardeados por propaganda pro mundial, los grandes lideres hablan maravillas de un torneo al cual, como asalariados, no somos, ni invitados, ni deseados. Parece que al Estado no le importan los profundos problemas que asfixian al país; la violencia sistemática que atravesamos como nación, las 500 bolsas con restos humanos en fosas clandestinas dentro de las inmediaciones del Estadio Akron ya se han olvidado ante la avalancha de comerciales que hablan de las bondades mundialista. La violencia cruda que ha sumido a la población en un estado de constante vulnerabilidad y dolor, se pretende difuminar detrás de una fiesta ajena. Una fiesta… solamente una fiesta. Nos quieren vender la idea de una celebración nacional para maquillar un estado de derecho fallido.
El Mundial contemporáneo representa, una vez más, el despojo de recursos económicos públicos en beneficio de una festividad extranjera. El fútbol utilizado como espectáculo mediático, el maistream digital, que se sobrepone a un gobierno rebasado. Como aquella tragedia del 85, el ciudadano de a pie vive en medio de la incertidumbre, los problemas y una constante búsqueda, pero ahora, no creada por un terremoto que destruyo la ciudad, si no por una violencia irracional que ya ha tocado los filamentos más sensibles de nuestra sociedad; el Rancho Izaguirre, los normalistas asesinados, los levantados a que el gobierno ha clasificado como ausencias, los feminicidios y muchos más problemas actuales serán maquillados del 11 de junio al 5 de julio. 25 días de fiesta, donde estaremos como teletubbies idiotizados.